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CAMINO DE CONVERSIÓN Reflexión sobre la Cuaresma

No puedes volver atrás y cambiar el principio,

pero puedes comenzar donde estás y cambiar el final.

(C.S.Lewis)


En la literatura universal, como en la música, la metáfora del camino, aplicada a la vida misma, es ya un cliché. Sin embargo, sigue utilizándose porque describe muy bien el modo en que nuestra mente concibe la vida misma, un continuum que va siempre hacia adelante. La característica de un camino es, precisamente ésa, la de ir moviéndose también hacia adelante.


En un camino se avanza; se deleita uno al contemplar el paisaje; se detiene quien duda si está en el camino correcto; se llega a destino; o se equivoca uno y tiene que regresar. Ocurren muchas cosas en un camino, se cruza uno con personas muy diversas; se halla ante disyuntivas o cruces y no se sabe cuál vía tomar... exactamente igual que en la vida.


La palabra “conversión” deriva del latín conversio, que significa:


• “Transformar” (convertir algo en otra cosa, como cuando en los cuentos infantiles, un sapo se convierte en príncipe).

• “Regresar” (como cuando uno va caminando en una dirección y, de pronto, se detiene para dar la vuelta y volver por donde se venía). Es en este segundo sentido, en el que los maestros de la vida espiritual cristiana lo utilizaron para definir la conversión cristiana.


Otro sentido que se le dio en la literatura cristiana, es el de quien antes no era cristiano y, después, se “convierte” en cristiano por medio del bautismo.


En Cuaresma se nos habla mucho de conversión, y se hace en el sentido de quienes van caminando por una senda de la que conviene regresar. Entendamos, es una metáfora, no es que toda nuestra vida vaya por muy mal camino y tendríamos que regresar todo lo recorrido para tomar otra vía que sería la correcta. Significa más bien que tengamos la honestidad de hacer un alto, de analizarnos a nosotros mismos y de ser sinceros en torno a nuestros actos y decisiones.


Sócrates decía una frase muy desconcertante: Una vida sin examen, no merece la pena ser vivida. El Padre de la filosofía occidental, se refería al hecho de que, muchas personas viven dejándose llevar por las circunstancias, por los avatares diarios de la existencia, sin analizar si eso que viven es precisamente lo que desean para sí mismos; o si es justo lo que les sucede. No cuestionan, no analizan, simplemente están al vaivén de las situaiciones. Estas personas: se enojan, se alegran, se entristecen, ríen, aman, son amadas, engañan o les mienten, discuten a veces, o son sumisas, etc. En cambio, quien analiza su propia vida y hace un alto en el camino de vez en cuando: puede tomar decisiones inteligentes, dejar de hacer cosas que le dañan o le humillan, reclamar sus justos derechos, no lastimar a otros, etc.


La Iglesia nos propone que, durante la Cuaresma, realicemos ese alto en el camino de nuestras vidas. Pero aclaremos algo en torno a este gran tiempo litúrgico: La Cuaresma no es una preparación para la Celebración de la Pasión de Cristo, como a veces creemos... la Cuaresma, junto con el memorial de la Pasión de Jesús, son una preparación para el acontecimiento más importante de la fe: la Resurrección del Señor.


Es por ello que nuestra vida, como camino, es un recorrido que debería adentrarse en ese misterio cada vez más... Así, la Iglesia nos propone convertirnos, es decir, encaminarnos hacia ese gran misterio de la Resurrección, con el fin de resucitar también nosotros, con Jesús.


El memorial de la Pasión de Cristo incluye la institución de la Eucaristía, el martirio que Jesucristo pasó, previo a su crucifixión y su muerte en la cruz. En este sentido, el camino de la vida, que es uno con piedras y baches en que tropezamos (las dificultades que aparecen en nuestro caminar) se encuentra también plagado de dolores y de gozos (como son la Pasión de Cristo y la Resurrección). De igual manera, un camino requiere de fuerzas para recorrerlo (una buena alimentación) la Iglesia nos ofrece La Eucaristía como alimento primordial para recorrer esta gran aventura de la vida hasta el momento en que, finalizando dicho recorrido, lleguemos al abrazo definitivo con el Señor.


No quiero dejar de mencionar a nuestra mejor acompañante: María Santísima. Cristo nos la dejó como Madre nuestra y sus ejemplos son el mejor consejo de vida.


Por último, este camino de conversión, implica la misericordia. Durante su propio camino hacia el Calvario (la Via Crucis) Cristo recibió el consuelo de su Madre, las mujeres de Jerusalén, del Cireneo... este camino de la vida no lo recorremos solos, siempre podremos ser cireneos de nuestros hermanos y ayudar a quien se cae a nuestro lado; o también permitir que, quienes van con nosotros en este andar, nos ayuden a nosotros cuando lo necesitemos.


Para tu reflexión:


• ¿Vives tu vida con reflexión sobre tus decisiones y lo que te pasa? ¿O la vida te lleva como un vendaval sin darte tiempo de examinarte?

• ¿Tratas de tomar las mejores decisiones para ti y los tuyos, pensando siempre en seguir el bien?

• Hay algún aspecto de tu vida que debas cambiar, en el que tengas necesidad de conversión? AF


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