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HAY QUE VIVIR CON ALEGRÍA

“Hay que vivir con alegría

las pequeñas cosas de la vida cotidiana.

No te prives de pasar un buen día”.

Papa Francisco.



Llegamos al último mes del 2023. Para los mexicanos es un tiempo de fiesta prolongada: El 8 La Inmaculada Concepción de María, el 12 la Virgen de Guadalupe, a partir del 16 las posadas -que nos recuerdan su peregrinaje, hasta llegar al portal- el 25 la Navidad, donde con Jesús, nacería la esperanza de una nueva forma de vivir para todos los seres humanos.


Nuestra cultura, asocia las celebraciones importantes del año con la comida. Desde tiempo atrás, la cocina mexicana ofrece una inmensa variedad de platillos relacionados con las fiestas, dedicadas a conmemorar un hecho relevante, o a reconocer en la vida de los santos las virtudes mostradas durante su presencia en el mundo.


Así, iniciamos enero con la Fiesta de Epifanía, más conocida como el día de Reyes; en todos los hogares católicos del país, se parte la rosca, elaborada de variadas formas, pero siempre con el “muñeco”, que representa al Niño Jesús.


Le sigue febrero, el 2 Día de la Candelaria, no hay familia que no celebre este día con tamales y atole, para cumplir con el compromiso adquirido por uno de los miembros el 6 de enero, cuando al partir la rosca “le tocó” el muñeco, es tradición conservada hasta hoy.


La llegada de marzo, el día 25, nos recuerda la Encarnación de María; un hecho de enorme trascendencia, por ese “sí” generoso de nuestra Madre Santa. Una golosina o una paleta de helado, endulzan la boca de quienes reunidos agradecen a Jesús la protección amorosa con la que nos cubre la Santísima Virgen.


A veces en abril, aparece parte de la Cuaresma, tiempo de profunda reflexión, culminada con la Pascua, la celebración más importante: La Resurrección, el misterio que nos despierta regocijo por su profunda significación. Un día de comida especial, para los pequeños, un momento feliz, al encontrar los huevos de chocolate, escondidos en los jardines, costumbre heredada de nuestros vecinos del Norte.


Mayo, el mes de María y con ella de todas las madres, tiempo en que muchos pequeños ofrecen flores a la Virgen, época de Primeras Comuniones, de Bautizos y Confirmaciones, festejados con ricos platillos y sabrosos pasteles, aquí las familias comparten los alimentos con parientes y amigos.


Junio, seguimos de fiesta, la Santísima Trinidad, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, el Día del Padre, de los santos Antonio, Alicia, Juan, Pedro y Pablo, entre otros. Reuniones animadas con cantos, bailes, y comida regional, organizados por los mayordomos de las comunidades, que reúnen a los feligreses alrededor de las parroquias.


Julio, son célebres los festejos en honor a la Virgen del Carmen y de Santiago Apóstol; en Oaxaca, allí se lleva a cabo la Fiesta de la Guelaguetza, donde se rinde culto a la Virgen del Carmen, con la presentación de bailes y cantos de cada una de las regiones del Estado, además de compartir entre los asistentes, la variada comida típica de esa zona de nuestro país.


Agosto: la vendimia, las fiestas se multiplican es la temporada de la cosecha, del agradecimiento por los frutos, de compartir lo recibido, la fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen María, evento popular caracterizado por reunir a las comunidades, en torno a las parroquias, donde no pueden faltar los cantos, bailes y la comida típica de cada una de las regiones de nuestra tierra.


Septiembre, para nosotros el mes de la Patria, el pozole, los tamales, tostadas son algunos de los alimentos tradicionales, que se comparten el 15 y el 16; se suma a este tiempo, la fiesta de los Arcángeles: Miguel, Gabriel y Rafael, ahora reunidos el 29, son fiestas muy famosas, por ser patronos de muchas ciudades, pueblos y comunidades.


Lo mismo sucede en octubre, le toca el turno a Santa Teresita, San Francisco, la Virgen del Rosario, Santa Teresa de Ávila, estos días son motivo de grandes festejos, de muestras de sentida devoción, a quienes interceden por nosotros, ante nuestro Señor, para aliviar penas, sufrimientos, llenarnos de resignación y concedernos la paz. Las misiones han elegido este mes, para hacerse presentes, entre los laicos de todo el mundo y de esa manera, cumplir su función de apoyo a los desfavorecidos.


Noviembre, donde la Celebración de los Fieles Difuntos, cobra relevancia. La ofrenda, acción de gratitud y respeto a nuestros antepasados; éste es un ejemplo de generosidad con el prójimo, los alimentos preparados se comparten con propios y extraños, así como las oraciones en las misas comunitarias.


Doce meses, doce partes del año para celebrar, para participar y compartir, en las fiestas religiosas la alegría proporcionada por la convivencia, la fe y la solidaridad; donde las costumbres unen, los lazos familiares se estrechan, el sentimiento de fraternidad se da, gracias a estar acompañado por la bendición comunitaria de los sacerdotes, que corona los actos religiosos y populares, permitiendo vivir como hermanos, como verdaderos hijos de Dios.


Vayamos a las fiestas, hagámoslas posibles, obtengamos fruto de estas convivencias, tomemos fuerza de esos momentos compartidos, para seguir adelante. Llenemos el corazón con el pan de las buenas acciones y con vino de la esperanza puesta en Dios.


Para reflexionar:

• ¿Es motivo de alegría tu presencia, entre las personas con las que convives?

• ¿Eres capaz de reconocer la alegría en

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