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¿QUIÉN ME DICE QUÉ ES EL AMOR?

Joaquín Antonio Peñaloza[1]




Este artículo se publicó en nuestra revista en el mes de enero de 1993.


Esta mañana me voy de cacería. Está el cielo abierto con unos ojos azul profundo. Por la vereda que exhala olores de tierra abierta, se derraman los fresnos, casi negros de tan verdes, casi impalpables en su airoso volumen. Me voy de cacería. Sin perro y sin fusil. Una libreta y un lápiz en la mano. Ah, y una gota de curiosidad en el alma. ¿Quién me dirá, en esos caminos de la vida, qué es el amor?


Yo tengo la impresión de que nadie lo sabe, por lo menos, de que nadie lo ha dicho. Acaso todavía no nazca el que defina al amor. Porque hay cosas, hay realidades inefables que simplemente no se dejan captar con palabras. Como pececillos inquietos, ligerísimos, sutiles que se sumergen en el fondo cada vez que la red quiere atraparlos y solo queda temblando una vibración fallida. ¿Quién me dice qué es el amor?


Hay realidades inefables. Nadie ha podido tampoco decir con palabras lo que duele una llaga, lo que lastima una herida. El amor, el dolor, la alegría, mil cosas de la existencia son simplemente inexpresables.


El amor no se define, se siente. El dolor no se explica, se vive. La alegría no se traduce, se encarna. Sólo sabe lo que es el amor aquel que lo ha vivido.


Una libreta y un lápiz en la mano.


Diccionario, tú que congregas todas las palabras que el hombre ha dicho ¿qué es para ti el amor? El diccionario responde: el amor es lo mismo que estimación, afecto y cariño. Nada, en resumidas cuentas. Nada dice el diccionario que no sea acumular palabras parecidas que necesitan, a su vez, definirse. El diccionario no sabe qué es el amor. Como si estuviera mudo.


Pregunto a la filosofía: el amor es la fuerza más grande del corazón del hombre. Es el impulso que nos lleva a buscar el bien, la felicidad. Es el vínculo que une a la persona con la persona y a la persona con Dios. Así lo explica Platón en ese diálogo suyo, resplandeciente como un candelero de oro, que se llama El banquete. [2]


Pregunto a la psicología. Y en nombre de ella, aquel artista francés de la palabra que se llamó Lacordaire, me contesta: El amor es el acto supremo del alma y la obra maestra del ser humano. Allí está su inteligencia, ya que hay que conocer para amar. Su voluntad, porque hay que consentir. Su libertad, porque hay que elegir. Sus pasiones, porque hay que desear esperar, temer, sentir tristeza y gozo. Su virtud, porque hay que perseverar, algunas veces morir y siempre, siempre entregarse.


Pregunto a la oratoria. Y el egregio tribuno español, Donoso Cortés, me explica lo que es el amor. Cuando el amor me dice ven, yo no le pregunto de dónde viene ni a dónde va. Lo sigo. Porque estoy yo, está el amado, está el amor y esto es el cielo.


Pregunto a la poesía. Se levanta Pablo Neruda, el poeta chileno, Premio Nobel de 1971 y recita:


Eres como la noche callada y constelada, tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas, porque estás como ausente.


Distante y dolorosa como si hubieras muerto. Una palabra entonces, una sonrisa bastan. Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.


Pregunto a la canción. Pongo a girar el disco, le pego la aguja, abro el volumen suavemente. Es una canción francesa: La chanson du bonheur.[3]Yo, yo te quiero. Tú, tú me quieres y esto no acabará jamás. Y esto no acabará jamás. Y esto no acabará jamás.


Me gusta el ritmo. Me convence la letra de esta canción. Porque la fórmula del amor es: para siempre. Al amor no le satisface el recuerdo sin la posesión. No le basta el retazo de tiempo, sino la infinita eternidad. Y esto no acabará.


Pregunto a la teología. Juan, el joven judío que siguió a Cristo, escribe su primera carta a los fieles de Asia: Amémonos los unos a los otros, porque el amor procede de Dios. Y todo aquel que ama así, es hijo de Dios y conoce a Dios. Quien no tiene amor, no conoce a Dios, puesto que Dios es amor. En esto se demostró el amor de Dios hacia nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo para que por Él tengamos vida. Si así nos amó Dios, también nosotros debemos amarnos unos a otros. (1 Jn 7-11).


Vengo de la cacería con mis trofeos a cuestas. Empiezo a saber lo que es el amor. A balbucir sus letras. Amor es la carne, la sangre, la vida, el alma, el paisaje, la alegría, el dolor, el hombre, la mujer. El universo es un acto de amor. Y el amor en persona se llama Dios.


El cielo deja caer sus pupilas azules sobre el follaje verdinegro de los fresnos. Una canción hiere de nostalgia la suavidad de la tierra abierta:


Yo, yo te quiero,

tú, tú me quieres,

y esto no acabará jamás,

y esto no acabará jamás. AF

[1]Joaquín Antonio Peñalosa Santilán fue un sacerdote católico, escritor, poeta y catedrático mexicano oriundo de San Luis Potosí. Falleció en 1999. [2] Platón fue un filósofo griego (n. 427 – 347 a. C.). El banquete es un libro escrito por Platón que trata sobre el amor desde la perspectiva filosófica del mismo autor. [3] La canción del amor.

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