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Tradiciones Navideñas en México



“Dale, dale, dale,

no pierdas el tino,

mide la distancia

que hay en el camino”

(Canción popular).


Llega diciembre, el último mes del año. Nos parecía tan largo el camino en enero, sin embargo, han trascurrido los meses. Ahora entramos a la época de las fiestas navideñas. Aunque se han modificado muchas costumbres, estas celebraciones reúnen todavía a las familias cristianas.


Este tiempo de frío nos permite saborear mejor las bebidas calientes, casi siempre acompañadas con los tradicionales tamales, que nos remiten a nuestra infancia, donde esperábamos con enorme ilusión las posadas, los aguinaldos y, sobre todo, la piñata. Romper la piñata era el principal propósito de esas ocho noches previas a la celebración del Nacimiento de Niño Jesús, en las que se cumplía cada año la tradición: pedir posada.


Una de esas mañanas decembrinas, tuve la oportunidad de visitar Acolman de Netzahualcóyotl, Pueblo Mágico cercano a la Ciudad de México. Este pueblo fue fundado en el Siglo XIII y allí se festeja, cada año, la Feria de la Piñata, del 16 al 20 de diciembre. Con enorme orgullo los habitantes presumen que en ese sitio se rompió la piñata por primera vez.


Uno de los principales atractivos de esta peculiar población del Estado de México es el Ex Convento de San Agustín, edificado por los frailes agustinos en el Siglo XVI, con la misión de evangelizar a los nativos del lugar. Fueron las Misas de Aguinaldo, que trajo Fray Diego de Soria, el principio de esta tradición, que continuó Juan de Grijalva, como medio eficaz para introducir la religión entre los indígenas.


Es interesante rastrear el origen de la piñata. Según Marco Polo, éste se encuentra en China, en las celebraciones del Año Nuevo. En su forma original, se representaban animales. De allí viajó la tradición a Italia, para después llegar a la Nueva España.


Un dato curioso fue descubrir que entre los mayas se acostumbraba romper un recipiente de barro que contenía cacao; lo mismo hacían los toltecas en su “juego de la olla”. Le pegaban con los ojos vendados a una olla llena con chocolate, sujeta por una cuerda, que se balanceaba. Estas coincidencias fueron aprovechadas por los evangelizadores que las transformaron en excelentes recursos didácticos para predicar la fe.


Los frailes le dieron otra significación a “romper la piñata”. La forma se convirtió en estrella de siete picos y cada pico simboliza uno de los pecados capitales; el palo debe golpearla con la fuerza que da la fe, para vencer el mal y destruir la falsedad y el engaño. Antes de hacerlo se deben dar treinta y tres vueltas al que le va a pegar, que representan cada año de la vida de Jesús. Al romperse la piñata, el contenido simboliza las bendiciones y la recompensa por haber combatido el mal.


Actualmente el Ex Convento, se ha convertido en Museo, donde se exhiben piezas virreinales de enorme valor, así como una cruz atrial de piedra tallada, considerada como una de las más bellas piezas lapidarias de la época colonial. Fue tan enriquecedora la visita a Acolman, Pueblo con Encanto, como se le denomina hoy, que quise investigar más y encontré la Tesis: “La piñata como instrumento evangelizador de nuestros ancestros”, Universidad Autónoma del Estado de México. De dicha tesis obtuve esta valiosa información.


Es innegable el mérito de los evangelizadores, al hacer coincidir las tradiciones indígenas y otorgarles otro significado, mucho más profundo, para dar a conocer, de una forma sencilla pero eficaz, la vida de Jesús nuestro Salvador. Su labor fue determinante en el Virreinato, primordialmente porque consiguieron despertar en los pobladores el sentimiento religioso que los hizo descubrir en la vida del Hijo de Dios el camino a la salvación.


¿Podríamos romper la piñata esta Navidad para romper con todo lo que nos aleja de lo que estamos llamados a ser y no somos; para convertirnos en mejores seres humanos? ¿Lograríamos cambiar la forma de nuestra piñata, sin cambiar el significado? ¿Seríamos capaces de acumular tanta fuerza en nuestra fe para golpearla? ¿Compartiríamos entre nuestros semejantes los bienes que, como bendiciones, Dios nos da como recompensa?


Finaliza otro año más, difícil y complicado, en donde todos hemos experimentado alguna forma de dolor por las consecuencias de la pandemia, de los fenómenos naturales, de la incertidumbre; pero seguimos aquí, por la Misericordia de Nuestro Señor, que nos da un día más para vivir y para mejorar nuestra forma de vida.


Cantemos, cantemos con el ánimo encendido: dale, dale, dale, no pierdas el tino, mide la distancia que hay en el camino. Al fin y al cabo, cada uno de nosotros sabe a qué le va a dar para romperlo y liberarse, qué es lo que no debe perder y qué necesita hacer para llegar al encuentro con ese Dios nuestro que tanto nos ama.


Para reflexionar:

¿Qué forma le vas a dar a tu piñata?

¿Tu fe en Dios tiene la fuerza para romper con la desesperanza?

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