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Historias Verdaderas UN PAPÁ OLVIDADO

No hace mucho tiempo el Día del Padre era poco conocido y celebrado. Ahora ha cobrado mayor fuerza la fiesta en la que se brinda homenaje a los padres de familia porque se les considera como uno de los pilares, junto con la madre, de una familia bien integrada y se les mira como protectores, proveedores, ejemplo para los hijos, aunque la realidad nos muestra, muchas veces, otra cara.


Pero, muy merecido el reconocimiento que se hace a los padres que día con día son el sostén de la familia y son fuente de estabilidad y amor.


Sin embargo, los hijos cuando llegan a ser mayores toman su propio camino en el matrimonio, una profesión, etc. se independizan y los padres se quedan solos y en muchas ocasiones sufren de abandono.


Un abandono que muchas veces no tiene nada que ver con el dinero o las cosas materiales, sino con el afecto manifestado en pequeños detalles: en una palabra, en compartir con ellos algunas opiniones, intereses o anécdotas que actúen como puente y retroalimenten la vida de los padres que ya están solos y ancianos.


Es una realidad que si se les pregunta a esos padres que se han quedado solos: “¿Cómo están tus hijos?”. Muchos contestarán “están bien los veo poco, están muy ocupados” y si se les vuelve a preguntar: “¿Y qué hacen?” Responderán con evasivas…


Un caso que ejemplifica esto, es el de Manuel, quien vivía con su esposa Marta y ya habían cumplido los cincuenta años de matrimonio. Tenían un hijo y una hija, que los visitaban de vez en cuando, generalmente para pedirles algo o dejarles a cuidar a los nietos “para ellos estar más tranquilos”.


Pero llegó la terrible pandemia del 2020. Manuel y Marta tomaron todas las precauciones; fueron a vacunarse por tercera vez como se aconsejaba en todos los medios de comunicación, pero al día siguiente ya tenían el Covid-19 con toda su fuerza; sin embargo salieron adelante, él con grandes deficiencias en el riñón y ojos; Marta sentía que estaba bien y volvió a intentar reanudar su vida normal, pero no pudo ser así, dos o tres días después de sentirse mejor, repentinamente se sintió muy mal y fue llevada al hospital, en donde unas horas después murió con problemas del corazón.


La vida de Manuel cambió, se lo llevaron a vivir con su hija; pero como ella estaba en gran desolación prefirió callar su dolor por la muerte de su esposa. Su pena la guardó en su corazón y selló sus labios. Poco a poco la normalidad volvió a la casa: el trabajo las escuelas… la rutina.


Manuel tiene todas las necesidades primarias cubiertas, pero ya no tiene una vida propia y sus hijos, a pesar de tenerlos tan cerca, no comparten nada de su vida o proyectos que le hagan sentirse que no está sólo. Que tiene algo por qué vivir y pasa los días solo.


El “Día del Padre” lo festejarán y lo acompañarán, pero eso no remedia que muchos días y meses se haya sentido ajeno y abandonado, a pesar de vivir con la familia de su hija que no ha sabido integrarlo, de alguna manera, en alguna partecita, para que él se sienta parte de dicha familia.


El Día del Padre nos permite reflexionar sobre nuestro propio comportamiento con quienes nos han dado la vida.


También no hay que olvidar a los padres que ya no están con nosotros. No bastan las flores, debemos rezar por ellos.


Para reflexionar:

• ¿Cómo vas a festejar el Día del Padre? ¿Será un festejo más o le hablarás de manera de que él se sienta, no sólo festejado sino parte de tu familia?


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