LOS BENEFICIOS DE LA ALEGRÍA
“La alegría es un placer que se multiplica al compartirlo con otra persona”
¿Sabías que el 1 de agosto es el día mundial de la alegría? Fue instaurado en 2010 y en un inicio se celebraba en pocos países para resaltar emociones positivas. Actualmente se celebra a nivel mundial ese día invitando a que las personas realicen actividades que permitan reflexionar sobre sobre el tema y que fomenten esta emoción como parte de su bienestar emocional y físico.
Ahora bien, a pesar de que la alegría es una emoción pasajera, es importante fomentarla no sólo porque nos hace sentir bien y satisfechos, sino porque mejora la calidad de vida de una persona fortaleciendo vínculos sociales, beneficiando nuestro sistema inmune lo que permite que nos recuperemos más rápido de enfermedades o evita que nos enfermemos, y ayuda a nuestra mente y cuerpo de tal manera que podemos hacer mejor nuestras actividades.
Hace un año me presentaron a una persona que sin ser psicóloga ha buscado herramientas que le permitan sentirse bien. Cuando empezamos a platicar de esto, me decía que para ella lo más importante era experimentar tranquilidad y cuando yo le decía que también era importante sentir felicidad y alegría, insistía en que, si ella se sentía tranquila, estaba bien con su vida.
Tiempo después me compartió que tenía problemas en casa (económicos y en su matrimonio), de ahí que valoraba mucho la tranquilidad, por lo que evitaba hacer cosas que le quitaran ese estado de ánimo. El problema es que difícilmente se puede tener una vida plena y satisfecha sin emociones como la alegría, pero en ese momento mi nueva amiga no lo lograba ver ni entender.
Un día empezamos a platicar por mensaje de texto. Pero como las dos estábamos ocupadas, no estábamos totalmente atentas a la conversación. En un momento dado, ella comenzó a contestar mis mensajes con un tema que no tenía nada que ver con lo que yo le estaba platicando. Y cuando nos dimos cuenta, fue inevitable que comenzáramos a reír a carcajadas. Ante esto, ella me escribió que no recordaba cuánto tiempo tenía sin reírse así y disfrutar de esa carcajada.
En otra ocasión platicamos de lo que nos gustaba hacer cuando éramos niñas y hubo un momento en que se le iluminó su cara cuando recordó cómo le gustaba poner música y bailar en la sala de su casa. Al día siguiente me compartió que antes de que regresaran su esposo de trabajar y sus hijos de la escuela, se puso a bailar como cuando era niña y sintió mucha alegría.
Entonces le dije “ya ves, cuando nos conocimos te dije que valía la pena experimentar otras emociones, como la alegría, que nos hacen sentirnos mejor y más vivos”. A lo que me contestó “eso no lo entendía, pero ahora, gracias a ti, aprendí que puedo ser más alegre y sentirme más feliz con mi vida, a pesar de los problemas”.
Otros beneficios que tiene la alegría, además de llenar nuestros días de vida y mejorar nuestra salud física y emocional, y mejorar la conexión con otros es que se puede compartir y esto también genera un efecto positivo en quienes nos rodean.
Podemos verlo en los niños. Cuando un niño está alegre, se le nota porque juega feliz, se ríe con entusiasmo, corre con libertad, grita sin pena y esto hace que otros niños se acerquen y quieran compartir con ellos lo que están haciendo.
Por lo tanto, si fomentamos la alegría en nuestra vida, contribuimos a que esta alegría se contagie en nuestro entorno. Es más, de esta forma también podemos contribuir a edificar la paz en la sociedad. Porque ¿quién puede pensar en pelear o en hacerle daño a otra persona si se siente alegre y feliz con su vida?
Podemos fomentar esta alegría agradeciendo por todo lo bueno que tenemos porque quien agradece experimenta alegría por lo que tiene. También haciendo lo que nos gusta y puede ser algo tan sencillo como cantar en la regadera, escuchar nuestra canción favorita mientras hacemos las tareas de la casa, o pasar tiempo con nuestros seres queridos y reírnos con ellos disfrutando de esos momentos.
Finalmente, la alegría también se aprende desde casa. Ya vimos que la alegría se contagia. ¿Quién ha podido aguantar la risa cuando alguien de la familia ríe a carcajadas sin poder parar? Por lo que, si nos acostumbramos a reírnos, incluso ante los errores, nuestros hijos lo aprenderán.
Todavía recuerdo cuando mi mamá salió de casa molesta una mañana conmigo por algo que yo había hecho, siendo yo adolescente. Cuando regresó me preguntó qué había desayunado y yo le contesté con un tono infantil “huevito mami” porque sabía que seguía molesta conmigo. Entonces mi mamá me imitó y me dijo “¡hable bien!” y yo siendo adolescente le volví a responder, pero ahora con voz grave y refunfuñando “comí huevo”. Y en ese momento toda la familia soltamos la carcajada. A la fecha cuando lo recordamos no podemos dejar de reír.
También recuerdo que una amiga me decía que su papá disfrutaba mucho platicar con ella porque se reían mucho. Y cuando se despedían, él le decía “gracias, hija, porque siempre me ayudas a descansar”.
Reflexiona:
● ¿Sabes lo que te hace sentir alegre?
● ¿Cómo puedes contribuir a que tu ambiente (familia, trabajo, amigos, vecinos) sea más alegre?





















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