¿DONDE ESTÁ MI PAPÁ?
- hace 6 días
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Día del padre
María Eugenia Díaz Gastine
Eduardo, hace algunos años alumno de la Normal de Maestros, se destacaba por su agresividad con sus compañeros, maestros, etc. Hablé con él para que modificara su conducta y me comentó: “Desde pequeño he vivido con una madre amargada porque la abandonó mi padre, ella trabaja todo el día, mis hermanos y yo estamos siempre solos, con hambre y muchas necesidades, mis compañeros tienen familia, yo no y me parece injusto”.
No podemos negar que muchas niñas y niños no ven presente a su padre en su casa, ni saben a cuál trabajo se dedica. Las niñas y niños en el campo pueden ver a su padre trabajar la tierra, recoger la cosecha, etc., pero en las grandes ciudades no identifican, la mayoría de las veces, a qué se dedica su padre, pero lo más doloroso es que en muchas ocasiones ni siquiera lo conocen físicamente, es el gran ausente.
REALIDAD EN MÉXICO
En su última encuesta, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) nos indica que en México 3 de cada 10 hogares están sostenidos por mujeres o sea 9.7 millones de hogares. En las grandes ciudades es mayor la diferencia y más mujeres; más notable la falta de un varón que sostenga o ayude a sostener a la familia.
Las generaciones anteriores de nuestra cultura latinoamericana, tradicionalmente patriarcal, tenían un rol muy claro e inamovible para el padre, el jefe de familia: representaba la autoridad, era el proveedor y sostén económico, construía el patrimonio y vigilaba por el honor y buen nombre de su familia. Algunos no cumplían rol, pero les quedaba claro que faltaban a sus responsabilidades. En nuestra cultura vemos todavía la actitud de las madres y las abuelas que privilegian a los varones y los consideran con toda clase de derechos, que la mujer no debe disfrutar.
En nuestra cultura todavía sufrimos mucho el “machismo”, pero no podemos dejar de reconocer que las mujeres, cada vez más, asumen responsabilidades que antes solo correspondían a los varones. Algunas y cada vez más mujeres, son el sostén económico de su familia, tienen buena preparación profesional, son independientes, han roto con esquemas familiares de sujeción y destacan en las áreas: sociales, económicas, científicas, culturales, religiosas, etc. Muchos hombres, sobre todo los jóvenes, se muestran confundidos ante estas actitudes femeninas que presenta el nuevo esquema cultural.
Esta crisis que se vive principalmente en la cultura occidental rompe con la imagen del varón conquistador, proveedor, dominante, que toma las decisiones, que asume la autoridad. Lo masculino se encuentra fracturado y necesita reelaborarse. Desgraciadamente, algunos hombres, no comprenden lo que está sucediendo y toman actitudes inmaduras de dependencia, frustración, miedo, inseguridad. Es un hecho que, entre los varones, hay aumento desmedido de refugio en los intoxicantes: alcoholismo, drogas. Refugio con el que se intenta compensar artificialmente la inseguridad y una autoestima debilitada.
DEBEMOS BUSCAR UNA SOCIEDAD FAMILIAR EQUILIBRADA
Actualmente, las nuevas generaciones han entendido que conviene tener en la familia roles más flexibles y debido a la influencia de la mayoría de los países occidentales, el rol social de los varones ha cambiado notablemente, pero no deja de ser relativo y poco claro. Las mujeres llevan décadas de estar luchando por tener una identidad más justa y a algunos hombres, los desconcierta éste protagonismo de la mujer y no encuentran su papel actual.
Las relaciones humanas pasan por un proceso crítico que afectan a mujeres y hombres y exigen un cambio para descubrir, con toda profundidad, lo que significa la reciprocidad y la complementariedad. O sea, la aceptación de la diferencia, de dialogar con lo distinto. Es un proceso largo que exige modelos y valores nuevos.
La mujer no es propiedad del hombre y solo es la madre y el varón no es el único proveedor y la autoridad. La mujer no debe masculinizarse y el hombre confundirse y sentirse atacado. Los roles en la vida pueden ser flexibles, pero deben responder a la naturaleza de cada sexo porque no podemos negar que hay profundas diferencias físicas y psicológicas.
Es urgente crear relaciones nuevas, desde la diferencia y esto supone una revolución para la humanidad. La relación humana sana nos pide que en cada familia haya la mujer madre y el varón padre.
Muchos pensadores y sociólogos apuntan a la urgencia de que cada ser humano valore su interioridad. Frente a un mundo relativista y materialista es urgente descubrir quién soy, sin esperar que otros me definan.
El ser humano, cuando va a su interioridad descubre a Dios y decide su destino. Mujer y hombre deben aportar a nuestro mundo, a nuestro tiempo necesitado y dolido: misericordia, fidelidad, tenacidad, valentía, compasión, cuidado por la vida y cada uno en forma peculiar pero unidos para construir, sin protagonismos falsos, el Reino de Dios.
Cambiar nuestra forma de concebir la familia es un desafío de nuestro tiempo. En el día del padre que celebramos en México, el segundo domingo de junio, te deseo que recibas el amor y el reconocimiento de los tuyos.
Para reflexionar:
● ¿Tuviste un padre presente en tu vida y que valorabas? ¿Tienes buen recuerdo de tu padre si ya murió?
● ¿Cómo puedes ayudar, como padre o madre, a equilibrar los roles en la familia?






















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