top of page

Aceptar y vivir la realidad

  • Cristina Robles Quevedo
  • 31 dic 2025
  • 4 Min. de lectura

Aceptar no es resignarse: es ver la realidad

tal y como es para afrontarla mejor

(Emilio Valcárcel)

 

Hace unos días, platicaba con un amigo sobre cómo la vida nos ha llevado a afrontar situaciones que se han traducido a veces en cambios o pérdidas que no deseábamos y que hoy nos tienen viviendo de manera diferente a la que habíamos imaginado o deseado.

 

También compartimos que estas situaciones o vivencias inesperadas, aunque ya son parte de nuestra vida, no siempre son sencillas de entender ni mucho menos de aceptar. Sobre todo, me parece que lo que más cuesta es asumir las consecuencias de eso y aun así ser felices a pesar de que deseábamos otra cosa.

 

Mi conclusión es que, para ser felices en la vida es necesario no sólo cambiar lo que podemos cambiar y trabajar por lo que queremos, sino también necesitamos aprender a aceptar lo que no podemos cambiar para así integrarlo en nuestra realidad y aprender a estar en paz con ello.

 

¿Y cómo puedo llegar a la aceptación de estos acontecimientos que cambiaron mi vida sobre todo sabiendo que yo deseaba otra cosa?

 

Primero quiero distinguir que aceptación no es resignación. De acuerdo a la definición de la RAE[1], la resignación implica “conformidad, tolerancia y paciencia en las adversidades”. Esto quiere decir que al resignarnos admitimos el sufrimiento implicado en ello, lo aguantamos con paciencia, aunque eso no elimina la resistencia que podemos experimentar dado que no lo estamos aceptando.

 

Tampoco es conformarse pues esto implica que voluntariamente me someto a sufrir algo que no quiero, aunque mi deseo realmente es otro.

 

Al contrario de la resignación o conformidad, con la aceptación dejamos de pelearnos con eso para vivir sintiendo bienestar porque dejamos de resistirnos o de pelear con la realidad, mi realidad, y esto trae paz.

 

Ahora bien, el proceso para llegar a la aceptación equivalente a un proceso de duelo cuya última etapa es la aceptación. ¿La aceptación de qué? De la realidad tal y como es, cuando no puede ser de otra manera.

 

¿Por qué es un duelo? Porque implica una pérdida significativa. Por ejemplo, ¿te has puesto a pensar que cuando te cuesta aceptar a alguien es porque en realidad lo que te cuesta es que no sea como a ti te gustaría que fuera? Lo mismo se podría aplicar a otro aspecto de tu vida.

 

Por ejemplo, una mujer que deseaba tener hijos, pero por alguna situación concreta no puede tenerlos. O un padre de familia que se siente cómodo siendo el proveedor de su casa, pero cuando su hijo pasa por una situación que le requiere tener conversaciones con él, se resiste porque piensa que no quiere ser alguien diferente a como es él porque en su familia no se acostumbraba eso y ahora no sólo le cuesta trabajo comunicarse, sino que quisiera no tener que hacerlo, etc.

 

Incluso también se puede aplicar a algún aspecto de nosotros como nuestra forma de ser (no me gusta ser introvertido) o físico (no me gusta ser tan bajo de estatura o no me gusta tener las piernas tan delgadas, me gustaría tener mejor memoria, etc.)

 

¿Qué es lo que se ha perdido en estas situaciones? Es decir ¿cuál es la pérdida? Vamos a llamarlo así: es como un deseo o ideal. Mi deseo de que la gente sea diferente o como yo pienso que debería ser, mi deseo de ser madre, mi ideal de sólo ser padre proveedor y que mi familia sea como la familia en la que crecí donde no nos comunicábamos, mi deseo de ser diferente a como soy, etc.

 

En pocas palabras, mi idea de cómo quiero que sea la realidad. Por lo tanto, el primer paso para caminar hacia la aceptación es darme cuenta qué no estoy aceptando mi realidad y verlo en términos de qué pérdida me significa.

 

¿Y por qué es importante aceptar la realidad tal y como es? Porque en primer lugar esto influye tanto en nuestra salud física, como en la emocional y mental.

 

El estar planteándonos contantemente “hubieras” o el estar luchando en contra de eso que no podemos evitar o controlar, además de generarnos malestar como ansiedad, estrés, frustración, dolor, etc., nos desgasta y eso puede irse traduciendo en problemas físicos como problemas digestivos, falta de sueño, dolores de cabeza, cansancio, tensión en el cuello, rompernos algún diente por apretar fuertemente la boca, etc. Y mentales que tienen que ver con nuestra autoestima porque podemos pensarnos inferiores a los demás o limitarnos a no hacer ciertas cosas porque nos creemos incapaces o no nos aceptamos como somos.

 

Y en segundo lugar, porque al aprender a cómo aceptar nuestra realidad tal y como es cuando no podemos cambiarla o evitarla, nos va haciendo resilientes. Esto es, nos vamos haciendo cada vez más capaces de adaptarnos a las situaciones que se nos van presentando en la vida manteniéndonos emocionalmente más estables, positivos y sintiéndonos con la confianza de que podremos afrontarlo.

 

En el siguiente artículo profundizaremos en el proceso que nos lleva a la aceptación.

 

Para reflexionar:

● ¿Hay algo de tu realidad que no estés aceptando y te esté generando algún tipo de malestar?

● ¿Eres consciente de por qué no lo has podido aceptar, es decir, sabes qué estás perdiendo con esto?


[1] Real Academia Española consultada en https://dle.rae.es

 
 
 

Comentarios


Entradas destacadas
Vuelve pronto
Una vez que se publiquen entradas, las verás aquí.
Entradas recientes
Archivo
Buscar por tags
Síguenos
  • Facebook Basic Square
  • Twitter Basic Square
  • Google+ Basic Square
bottom of page