LA FE EN TIEMPOS DE INTELIGENCIA ARTIFICIAL
- Carlos Calatayud Brito
- hace 20 horas
- 3 Min. de lectura
En este momento (los sistemas de IA) no son más inteligentes
que nosotros. Pero creo que pronto lo serán
(Geoffrey Hinton, padre de la IA)
Vivimos un momento histórico que nuestros abuelos ni siquiera imaginaron. A diario usamos teléfonos que nos escuchan, aplicaciones que predicen lo que queremos y programas capaces de imitar conversaciones humanas. La inteligencia artificial (IA) ha entrado a nuestra vida sin pedir permiso. Y ante este avance, los creyentes sentimos una inquietud legítima: ¿cómo conservar la dignidad, la fe y el sentido trascendente cuando la tecnología parece estarlo ocupando todo?
No es una cuestión menor. La tecnología, usada sin criterio, puede despersonalizar: en muchos lugares ya se dice que la IA nos está quitando (o nos quitará) los trabajos; puede convertir las relaciones humanas en datos, las decisiones morales en algoritmos y experiencias profundas en entretenimiento superficial.
El reto no es teórico: afecta la manera en que son educados los niños y jóvenes en que vivimos el matrimonio y pensamos nuestra propia identidad.
Pero, más que temer, necesitamos entender y responder a todo este fenómeno desde una fe madura.
LA DIGNIDAD HUMANA NO DEPENDE DE LA TECNOLOGÍA
Para la Iglesia, la persona humana es imagen de Dios. Ninguna máquina, por avanzada que sea, tiene alma, libertad ni conciencia moral. La IA “procesa”; el ser humano “comprende”. La IA “imita”; el ser humano “cree, ama y elige”. La diferencia es absoluta.
Como humanos debemos tener cuidado en no caer en dos errores comunes: idolatrar la tecnología o demonizarla. La tecnología es herramienta, no destino. Sirve para facilitar la vida, pero no define quiénes somos.
DIOS NO PUEDE SER DESPLAZADO POR UNA MÁQUINA
Algunas voces afirman que la IA podrá responder a nuestras preguntas existenciales o sustituir a los sacerdotes, psicólogos o maestros. Pero una cosa es ofrecer información y otra muy distinta guiar la conciencia y sanar el espíritu.
Solo Dios toca el corazón humano. Solo Dios conoce lo más hondo de nuestros temores y aspiraciones. Ninguna máquina puede acompañar un duelo, perdonar un pecado o dar sentido a una enfermedad. Eso le corresponde al Creador, que actúa en lo íntimo a través de sus sacerdotes.
Una persona de fe mantiene esta claridad: escucha consejos humanos, usa herramientas digitales cuando conviene, pero su norte espiritual no cambia. La oración, la misa, la confesión y la lectura de la Palabra siguen siendo el núcleo de su vida interior. La tecnología es apoyo, no reemplazo.
La tecnología moderna nos puede llevar a vivir rápido, superficiales y distraídos. Las relaciones se reducen a mensajes, los momentos importantes se transforman en fotos y la atención se fragmenta. La IA, al automatizar más tareas, corre el riesgo de acentuar este estilo de vida. Por eso, los creyentes hemos de ser guardianes de lo humano. Esto implica algo concreto:
● Dedicar tiempo real a la familia.
● Escuchar a los padres ancianos sin prisa.
● Hablar con la propia pareja sin pantallas de por medio.
● Rezar con calma y no con un dispositivo interrumpiendo cada diez minutos.
El mundo actual empuja a la dispersión; la fe invita a la profundidad. Esa diferencia sostiene la identidad.
LA IA PUEDE SER UNA BUENA ALIADA
Bien usada, la IA puede ayudar enormemente. Facilitar diagnósticos médicos, apoya el aprendizaje, mejora la seguridad, optimiza el tiempo y permite que muchas mujeres y hombres concilien trabajo y familia con mayor equilibrio.
La clave está en conservar el criterio moral. Antes de usar cualquier herramienta, pregúntate: ¿Fortalece o debilita mis relaciones? ¿Me ayuda a servir mejor a mi familia? ¿Me acerca a Dios o me distrae de lo esencial? ¿Promueve la verdad o alimenta la superficialidad?
Si la respuesta es negativa, la herramienta no se está utilizando correctamente.
Las mujeres mexicanas, especialmente las madres y abuelas, tienen un papel decisivo en la formación de las nuevas generaciones. Los niños y adolescentes crecen ya rodeados de IA. Por eso necesitan orientación clara, no miedo.
Cuando una madre pone reglas, explica razones y da ejemplo, sus hijos no se perderán en un mundo que cambia cada día.
La IA podrá predecir patrones y resolver problemas, pero nunca responderá a lo esencial: ¿para qué vivo? ¿qué espera Dios de mí? ¿cómo debo amar? ¿cuál es el sentido de la vida?
Nuestra fe nos recuerda algo simple y firme: tú no eres un algoritmo. Eres hijo o hija de Dios, llamados a la santidad en la vida cotidiana. Ninguna tecnología reemplaza esa misión. Y justo por eso, en tiempos de confusión, se vuelve más urgente vivir con autenticidad: rezar, trabajar con rectitud, cultivar virtudes, cuidar la familia y servir a los demás.
PARA REFLEXIONAR:
● ¿Te has informado sobre cómo usar l


























Comentarios