MUJER DE FE COMPROMETIDA CON MÉXICO María Elena Álvarez de Vicencio
- hace 8 horas
- 6 Min. de lectura
Elenita ya había escrito su último artículo para esta revista cuando Dios la llamó el 12 de febrero pasado y eso deja un gran vacío y dolor por ya no poder platicar, discutir, enfrentar juntas los problemas que siempre nos han inquietado y que nos unía con lazos profundos: compromiso con nuestra fe, el valor de la educación y nuestro México.
Conocí a Elenita, en la Cuarta Conferencia Mundial de la Mujer organizada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Beiging, China en el año 1995, aunque en varias ocasiones fui a pláticas de su esposo Abel Vicencio, presidente del Partido de Acción Nacional (PAN). Participaron en ese gran evento 189 países con una asistencia total de 47 000 mujeres.
Ella era parte de la delegación mexicana y yo de la delegación de la Unión Mundial de las Organizaciones Católicas (UMOFC). Nos identificamos porque eramos maestras, habíamos sido socias de la Juventud Católica y nos sentíamos fuertemente comprometidas con México.
En una entrevista, que le hice hace años ella pidió que prefería presentarse y se describió de la siguiente manera:
“Soy María Elena Álvarez de Vicencio. Soy Maestra Normalista con estudios en Educación Especial y Desarrollo Humano. Soy Doctora en Ciencias Políticas por la UNAM. Estuve casada durante 39 años con Abel Vicencio Tovar (q.e.p.d.), mi compañero de lucha a favor de causas sociales y de militancia partidista. Con él formé una familia de cinco hijos y hoy tengo 13 nietos. He sido Senadora y cuatro veces Diputada Federal. Soy autora de ocho libros y estoy para servirte”
Si alguno de nosotros duda de la preparación, trabajo y honestidad de los políticos en general, al conocer la trayectoria de María Elena descubre que existen servidores públicos que conscientes de su responsabilidad y amor a México hacen un servicio que es significativo para nuestro país.
Desde que conocí a Elenita siempre que se le pidió un servicio para cursos, campañas, visitas, programas, publicaciones aceptó y trataba de coordinarlos con sus otros compromisos políticos que tenia y era muy difícil darle las gracias ya que siempre contestaba “es mi obligación”.
Breves antecedentes
Desde el día de su fallecimiento inesperado, se ha difundido su vida desde su infancia, pero conviene que quede por escrito en este artículo para que los que no la conocían sepan lo valioso de su trayectoria.
Elenita nació en Zamora, Michoacan en 1930, formando parte de una familia integrada por 15 hermanos y hermanas lo que la educó a vivir la solidaridad. Siempre sintió que sus padres le dieron mucho amor y la valoraron, esto le hizo ser muy responsable y segura de sí misma, además con una gran espiritualidad y espíritu de servicio a los demás.
Se recuerda como una niña alegre, creativa y con dotes de líder a la que sus padres siempre impulsaron y alentaron para que se siguiera superando.
Años más tarde, en la Ciudad de México, la invitaron a formar parte del grupo de Empleadas de la JCFM y me comentó: “La Acción Católica me abrió el mundo” porque conoció personas muy valiosas, comprometidas y que movidas por la fe en Jesús se dedicaban al apostolado y con un fuerte compromiso con la realidad social, política y cultural del México de los años 50 y 60. Durante 11 años formó parte de la Juventud Católica Femenina Mexicana (JCFM) y allí maduró su fe, su amor a la Eucaristía y su deseo de servir a los demás. Con una autoestima alta y compromiso destacó entre las jóvenes y llegó a ser Presidenta Diocesana de la arquidiócesis de México.
Esposa, madre y estudiante
Conoció providencialmente a Abel Vicencio Tovar y se casaron en 1957 y no dejaron de trabajar en la ACM, ella llegó a ser Comisionada de Madres Jóvenes y los dos fueron coordinadores del Movimiento Familiar Cristiano. Decidieron dejar la ACM y trabajar unidos en la política. Abel fue Presidente Nacional del PAN muy conocido y respetado por sus grandes valores y entrega como un político cabal. Ella reconoce que con su esposo y sus cinco hijos hizo un verdadero equipo que se ayudaban para poder trabajar en las enormes responsabilidades que asumieron en el partido tanto él como ella y su hijo Felipe Vicencio Álvarez que falleció muy joven; Elenita enfrentó con valentía el dolor por la muerte de su hijo Felipe quien ocupó el cargo de Senador de Jalisco y fue muy valorado como político brillante y honesto. Sus otros hijos e hijas tienen actualmente responsabilidades muy significativas en el medio educativo y cultural.
En relación a la maternidad Elenita comenta:” La maternidad fue la realización máxima para mí. Viéndolo a distancia, a veces me preocupaba demasiado por hacerlo todo bien, siempre he sido perfeccionista, quería ser la mejor madre, que mis hijos fueran felices, sanos, buenos estudiantes y yo me presionaba mucho, sin embargo cuando decidí estudiar, lo hice mientras mis hijos crecían, y ya no requerían todo mi cuidado y tiempo”.
También comentó, en varias ocasiones “cuando estuvo mi esposo no tuve ningún problema con las decisiones políticas y de la familia porque todo lo planeábamos juntos, todo lo comentábamos y lo disfrutábamos juntos. Ahora tengo libertad absoluta para mi trabajo porque mis hijos todos son independientes y profesionistas y sólo tengo maravillosos recuerdos de mi vida con Abel. Mis hijos y mis nietos tuvieron un padre y un abuelo excepcional comprometido por México y es un modelo de vida para ellos” Tomado de su libro “Trayectoria en la vida profesional y política”
Después de casada comprendió que era importante su superación profesional y terminó sus estudios que la acreditaban como Profesora Normalista, pero años después siguió estudiando y recibió el título de Licenciada en Ciencias Políticas y Administración Pública y también obtuvo la maestría. Los años no fueron obstáculo para su formación permanente, después de estudiar en la UNAM, recibió el Doctorado en Ciencias Políticas. Su esposo murió hace casi 30 años, pero ella siguió adelante con su compromiso en favor de las las mujeres, la educación, la política, movida por su gran fe en Jesús que nos invita a trabajar y desarrollar los dones que nos dio Dios en favor de los demás.
Su experiencia legislativa fue muy valiosa ya que fue elegida cuatro veces Diputada Federal y en una ocasión Senadora y en la Administración Pública ocupó el cargo de Secretaria Ejecutiva del Instituto Nacional de las Mujeres en donde dejó un alto aprecio por su compromiso a favor de las mujeres y sobre todo por su dedicación y buen desempeño.
Entre los seis libros que ha publicado sólo menciono dos muy significativos: Camino a la Equidad, editorial EPESSA, 2003 y La Ética en la Función Pública, 2006.
Elenita fue una mujer mexicana que desde muy joven, en la edad madura, antes de casarse, como esposa, madre, abuela y viuda sigue trascendiendo, aunque ya no esté con en el Consejo Editorial y en La Unión Fomentadora de Cultura de la Mujer .La recordaré siempre como una amiga ejemplar, que dedicó su vida a buscar el bien no solo de su familia, su compromiso con Jesús, su comunidad, la política con gran preparación profesional y amor a México. Es un ejemplo de mujer mexicana y es un acto de justicia recordar a la mujer valiosa que gracias a su trabajo en la Juventuld Católica descubrió la necesidad de comprometerse para mejorar a su país a pesar de lo complejo y difícil de las responsabilidades diversas que vivió.
Pude asistir al homenaje que le hicieron el día de su inhumación con cientos de personas. Su féretro cubierto con la bandera nacional y rodeado de arreglos florales enviados por gente sencilla que convivió con ella, políticos que la admiraban, aún de otros partidos contrarios y desde luego con la corona de flores de nuestra revista y nuestra Asociación. La misa muy emotiva con cantos muy bellos entonados no solo por el coro sino por todos los participantes y se respiraba un ambiente de paz y agradecimiento a Dios por su vida.
Durante más de 30 años escribió ininterrumpidamente para cada revista que publicamos y al respecto me comentó uno de sus hijos durante el velorio: “El último trabajo de mi mamá en esta semana, fue escribir el artículo para la revista” artículo que entregó con toda anticipación y que curiosamente tituló “Compromiso de la mujer en la vida pública y privada”, ella lo cumplió fielmente. Vamos a extrañar sus interesantes artículos.
Elenita, termino con la oración que en muchas ocasiones querías rezar en nuestras reuniones de trabajo, oración que aprendiste en la Juventud Católica Femenina Mexicana.
“Señor, enséñame a ser generosa,
A servirte como Tú lo mereces,
A trabajar sin descanso,
A combatir sin temor a las heridas,
A darme sin esperar otra recompensa,
Que saber que hago Tu santa voluntad, Así sea”.
Y agrego, la amiga del alma no se va, sigue presente y cito a Daniel 12-3
“Los prudentes resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad.”





















Comentarios