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EL NIÑO QUE TODOS LLEVAMOS DENTRO

En México es muy común que las personas te digan: “Deja salir el niño que llevas dentro” o cualquier otra frase en este sentido. Pensar en llevar un niño dentro del corazón y el alma, porque físicamente es imposible conservarte como cuando eras pequeño, resulta una gran responsabilidad, que si la concientizamos nos lleva a ser mejores seres humanos.


Mi hermano un día me dijo que cualquier tratamiento médico tiene mejor efecto en un niño que en un adulto, porque éste no medita si va a funcionar, si tendrá consecuencias, no tienen prejuicios, ellos sólo se centran en sus deseos de estar mejor cada día y es una actitud maravillosa que los adultos deberíamos aplicar al sacar el niño que llevamos dentro.


Comúnmente sentirte como un niño tiene que ver con juegos, risas y diversión, pareciera que siendo adulto no puedes practicar estas acciones que alimentan el corazón y el alma.

Si cierro los ojos por un momento, te invito a que tú también lo hagas, y me remonto a mi infancia a la celebración del Día de Niño y en todas las actividades que en familia realizábamos, me llena el corazón de un regocijo especial.


La nostalgia nos lleva a los lugares que más disfrutamos cuando éramos pequeños, en mi caso llego de inmediato a la casa de mi abuela en Acámbaro, Guanajuato, donde siempre había gente y comida para todo el que llegara y todos disfrutaban de su sazón tan especial.

Era esa casa el lugar perfecto para ser feliz de niño, mucho espacio para jugar, andar en bicicleta, compartir horas con los primos inventando todo tipo de juegos que nos iban uniendo más y mi tío, el hermano menor de mi mamá dirigiéndonos a todos, hasta hacíamos radionovelas con efectos de lluvia, viento, etc.


Tel vez pensamos en volver a ser niños, simplemente para no tener las preocupaciones que hoy vivimos, de las que se encargaban nuestros padres y nosotros ni enterados estábamos de cómo, pero ellos las resolvían.


Vivir como niños frente a Dios Nuestro Señor, nos recuerda la imagen de Jesús Maestro rodeado de pequeños, ávidos de aprender y orgullosos de estar al lado de un mentor de vida, lleno de amor siempre predicando con el ejemplo.


Recordemos que se dice en las Sagradas Escrituras que para entrar al reino de los cielos hay que ser como niños y vivir como tal.


Parece cosa sencilla de aplicar, pero difícilmente lo hacemos, el ritmo de la vida, el trabajo, las obligaciones en casa, muchas veces no nos dejan espacio para sacar ese niño que sin lugar a duda todos tenemos dentro.


Resulta de suma importancia tener presente que en la niñez es cuando se desarrolla nuestra personalidad, de acuerdo a nuestras vivencias y cómo enfrentamos los obstáculos que nos hacen crecer. Tristemente la mayoría de los niños sueñan con ser adultos y a veces no tienen tiempo de disfrutar su infancia por las condiciones que la vida les presenta.


Teniendo en cuenta con la perfección que Dios nos creó, es fundamental vivir cada etapa de la vida con paz y disfrutando el momento que nos está haciendo formarnos como personas de buen corazón.


Tuve la oportunidad de escuchar la ponencia “Alcanzando nuevas alturas” del astronauta mexicano Dr. José M. Hernández donde comparte que desde los diez años tuvo claro que quería ser astronauta y que las once veces que lo rechazaron en la NASA no fueron un impedimento para alcanzar su sueño de niño.


Y en este contexto, podemos reflexionar sobre las cosas que deseábamos ser de niños cuando llegáramos a ser adultos, como lo vemos en la película de Bruce Willis “Mi encuentro conmigo”, donde un asesor de imagen se ve obligado a reexaminar su vida al verse cara a cara con su propio yo a los 8 años.


En ambos casos vemos la importancia de nuestros deseos de niños, que, aunque de adultos llevemos un niño dentro, difícilmente nos ponemos a reflexionar si los hemos alcanzado o luchado por ello.


Hay mucho por aprender sobre cómo cuidar nuestro niño interior y la relevancia que éste tiene a lo largo de la vida. Es importante tenerlo a nuestro lado siempre, pase lo que pase, porque no pudimos controlar en su momento lo que vivió, pero en el presente sí es nuestra responsabilidad.


Un buen compromiso con uno mismo podría ser buscar la forma más adecuada de cuidar y mimar a ese niño que fuimos y que al crecer lo olvidamos o dejamos a un lado, hoy puedes rescatar mucho de lo bueno que te dio y seguirá dando.



Para reflexionar:

• ¿Lograste cumplir tus sueños de niño?, ¿Cuidas y consientes al niño que llevas dentro?

• ¿Te ayuda en la toma de decisiones recordar tu infancia?


La autora es:

Licenciada en Periodismo con especialidad bursátil y financiera, pionera en periodismo.com y docente de bachillerato.

anilucabreraeditor@gmail.com

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