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Perseverar en el bien

“El secreto de los grandes corazones

se encierra en una palabra: perseverar.”

Víctor Hugo


Le damos la bienvenida al octavo mes; tradicionalmente agosto es un tiempo de abundancia, no solamente de frutos, sino también de bendiciones y de ejemplos a seguir. El día 15 recordamos la Asunción de la Virgen María quien, desde el Cielo, nos cuida y protege como buena madre. El día 28 celebramos a San Agustín de Hipona; termina el mes con el festejo de Santa Rosa de Lima, digno modelo para imitar por su fe inquebrantable, por la práctica constante de la caridad hacia los desfavorecidos, por la paciencia ante el infortunio y por la oración a la que se acogió siempre.


El año avanza; justo hemos recorrido las dos terceras partes del 2021 y entramos en una etapa de relativa calma: los días transcurren con mayor tranquilidad y confianza, aunque por mucho tiempo más tendremos que continuar con las recomendaciones para evitar contagios.


Sin embargo, ahora doblaremos nuestro empeño para sembrar la paz y la solidaridad para con nuestros hermanos, muchos de ellos necesitados de consuelo por lo que han tenido que vivir y por lo que tendrán que hacer para seguir adelante.


El camino para todos es arduo, pero no podemos perder la esperanza; como señala Thomas Carlyle: “Si se siembra la semilla con fe y se cuida con perseverancia, sólo será cuestión de recoger sus frutos”. De esta manera, nuestra lucha por construir el reino de Dios no tendrá tregua, seguiremos insistiendo, a través de la oración y las acciones del día con día, para convertirnos en verdaderos instrumentos de Nuestro Señor para apoyar a nuestros hermanos.


Hay tantas acciones en las que podemos participar. Tuve la oportunidad de platicar, en la sala de espera de Cancerología, con una señora que tejía mientras esperaba que su hijo saliera de una quimioterapia. Sacó de su bolsa unas piezas pequeñas, me miró con timidez y fue mostrando bolsitas de colores. Mientras lo hacía percibí que su mano temblaba, como si lo que estaba sacando fuera algo malo; no le di importancia y fijé la atención en lo que me iba comentando.


- Sabe, tengo qué aprovechar el tiempo para ganarme unos centavos. La situación está difícil, pues tengo dos hijos más; se los encargo a mi mamá que aunque está ya grande me echa la mano en las mañanas. Continuó, - Gracias a Dios, aquí me encontré con una persona que me recomendó ir a una ONG que está por el rumbo de Coyoacán; allí me ayudan a vender lo que hago, Dios las bendiga.


Cuántas veces con un acto sencillo podemos aliviar el dolor del prójimo. Bien señala San Agustín: “Descubre cuánto te ha dado Dios y de él toma lo que necesitas; el resto lo necesitan los otros”. Si entendemos la frase, entonces estaremos dispuestos a insistir en nuestros intentos para convertirnos en mejores personas. Hay tanto que agradecer, tanto que compartir con los que nos quedan cerca; basta detenernos y mirar alrededor, para darnos cuenta de los bienes que aún podemos disfrutar, pero sobre todo compartir.


La cosecha está lista. Las semillas germinaron para amasar el pan de cada día; también dará su fruto la fe sembrada sobre el dolor y la desesperanza; la que creció a pesar del miedo a la enfermedad y la muerte, alimentada por la confianza en la Misericordia de Dios.


Una vez terminado el tiempo de recolección empezará otra etapa: la distribución del alimento ¿Entre quiénes haremos el reparto?, ¿cuáles primero?, ¿con qué propósito?


Las respuestas saldrán de nuestro corazón que estará alerta para abrirse y dar al necesitado aquello que le haga falta, ya sea para el cuerpo o para el alma; como salieron del corazón de Santa Rosa de Lima las virtudes convertidas en acciones para dar gloria a Dios y para servir a los demás.


Hoy más que nunca perseveremos, que no decaiga la voluntad, ni nos venza la desconfianza. Insistamos para cumplir nuestro principal propósito: conseguir la unión de los laicos comprometidos, para que sumados con los sacerdotes y guiados por el Papa Francisco, construyamos el Reino de Dios.


Caminemos con la vista al frente, decididos a dejar atrás la indiferencia, esa que nos impide actuar en favor del prójimo. Abracemos la esperanza en que nuestra labor evangelizadora como laicos dará mejores frutos si ponemos en ella nuestro corazón.


Para reflexionar:


¿Alguna vez has sido un ejemplo de perseverancia? ¿Cuándo?

Como católico comprometido, ¿en qué debes insistir? AF


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