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LOS PRIMEROS MAESTROS SON LOS PADRES

“Yo no enseño a mis alumnos; sólo les proporciono las condiciones

en las que puedan aprender.”

Albert Einstein.


La riqueza de una sociedad no sólo se mide por lo material, sino también por la educación. Y no me refiero sólo a la adquisición de conocimientos, sino también a los principios y valores que hacen a nuestro mundo más o menos humano.

Si bien es cierto que mayo nos permite celebrar y reconocer la labor invaluable de los maestros en el ámbito educativo, también es innegable que la educación de la persona inicia en el hogar. Por lo tanto, los padres son los primeros maestros y ellos son y serán siempre los primeros modelos a seguir.

Hace unos años, había un video motivacional en el que se veían varias escenas con un papá o mamá y su hijo o hija. En el video se exponían cosas tan sencillas como el papá tirando la basura en su lugar y el niño haciendo lo mismo. Pero también mostraban otro tipo de conductas: el papá le gritaba a la mamá y el niño le gritaba a la hermana; la mamá aventaba cosas enojada y la niña rompía sus juguetes en berrinche; el papá le pegaba a su hijo y el niño le pegaba a su perro.

Este video era un claro ejemplo de cómo, durante la infancia, por medio del ejemplo, los padres dan a los niños pautas de conducta a imitar. Así, un niño que recibe afecto, seguridad y empatía en su casa, desde un ambiente de respeto, y observa a sus padres viviendo estos valores (entre ellos, con los hijos y con otros adultos) podrá llegar a ser un adulto con buena autoestima, respetuoso de los demás, empático, sabrá demostrar afecto a otros, sabrá escuchar y dialogar, etc.

Al llegar a la adolescencia, los principios y valores inculcados en la infancia inevitablemente son puestos a prueba por nuestros hijos. Y es normal, porque es parte de su desarrollo. El adolescente requiere autoafirmarse para encontrar su identidad, para reconocerse como individuo.

De ahí que la educación de un adolescente-joven se convierte en un arte. Podría parecer que los padres han dejado de ser un modelo a seguir, pero no es así. Como una vasija en manos de un alfarero, el adolescente necesita seguir siendo modelado por los padres. Solo que ahora su papel como maestros les requiere aprender a equilibrar entre darles la libertad que ellos necesitan para que asuman responsabilidades, consecuencias y aprendan de sus errores y, a la vez, poner límites a su conducta porque querrán probar, explorar y ver hasta donde pueden llegar.

Aunque parezca contradictorio, los límites son importantes como parte del acompañamiento que necesitan, puesto que estos les proporcionan seguridad, aun cuando se rebelen a ellos, no los entiendan y digan que “no es justo”.

También los padres tendrán que tomar en cuenta algo muy importante: el niño aprende con premios/consecuencias, pero hay que cuidar que se sienta siempre amado, es decir, que sepa que la acción no estuvo bien, pero que se le ama y puede equivocarse y corregir. El adolescente, además de esto, lo que requiere es comprensión, apoyo y motivación para aprender de sus actos. Tiene suficiente con equivocarse como para que encima de eso lo hagamos sentir culpable, perdedor, irresponsable o tonto, etc. Recordemos que todavía no es un adulto y que aún le falta madurar.

Retomando la frase de Einstein, una parte de educar consiste en dar a nuestros hijos condiciones para que aprendan. Es decir, enseñarles valores y principios que les permitan, más adelante: distinguir lo bueno de lo malo y actuar en consecuencia, eligiendo el bien; resolver conflictos dialogando, sin violentar a otros; respetarse a sí mismos respetando sus necesidades, sus convicciones, sus valores y sus principios por encima del qué dirán, etc.

En pocas palabras, educarlos es ayudarlos a formarse como personas libres, responsables y constructoras del bien común y de sociedades más justas, donde ser respeten los derechos más elementales como el de la vida, la salud, la igualdad, la no discriminación, el bienestar y desarrollo integral, la profesión de la fe, etc.

Te dejo algunas ideas para ayudar a tus hijos a formarse como personas íntegras:

1. Darles un lugar seguro, de amor y respeto. Que sientan que son aceptados y amados como son; que hagan lo que hagan no se les rechazará a ellos, sino que serán escuchados y respetados en sus necesidades y su individualidad (respeto también es no compararlos con otros ni esperar que sean diferentes).

2. Es importante demostrar el afecto con palabras, pero también con actitudes como paciencia, comprensión, amabilidad, apoyarlos en sus dificultades, etc.

3. Cuidarlos sin ser invasivos. Por ejemplo, estar atentos para que vean en los medios electrónicos lo que está de acuerdo con su edad y valores.

4. Abrir canales de comunicación. Esto se logra escuchándolos activamente (no interrumpirlos, verlos a los ojos sin hacer otra cosa al mismo tiempo, dialogando sin gritar, etc.)

5. Asignarles responsabilidades de acuerdo con su edad: que tiendan su cama, levanten su cuarto, ayuden a poner la mesa, etc.

6. Enseñarlos a que toda conducta tiene consecuencias.

7. Fomentar su vida espiritual. No limitarnos con ir a misa. Necesitamos vivir coherentemente nuestra fe y nuestras tradiciones cristianas.


Para reflexionar:

¿Estás educando a tu hijo con coherencia?

¿Podrías hacer algo más en su educación?

¿Puedes compartir algunas ideas con otros para enriquecer a tu comunidad?

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